Sant Jordi, día del libro y de la rosa
El día de sant Jordi tiene tres elementos característicos en Cataluña: es el día del Patrón, el día del Libro y el día que se regala una rosa como muestra de amor.
En lo que se refiere a la tradición de regalar una rosa es muy difícil establecer una fecha concreta que marque el inicio de esta tradición popular. Sí se tiene constancia de la celebración de la Feria de rosas en Sant Jordi desde el siglo XV, lo que rebelaría su carácter secular y tradicional. Esta posible antigüedad se ha entendido, en ocasiones, como una relación entre la tradición popular y la vigencia del amor cortés (propio del siglo XV). Amor simbolizado, además, por la rosa. Pero, más allá de las posibles teorías que puedan justificar una tradición, lo más destacado es que ésta se ha mantenido viva y es, hoy en día, un símbolo indiscutible de Cataluña.
Sobre el día del Libro, cabe indicar que esta celebración se instauró, de manera oficial, el 23 de abril de 1926 en España, con motivo de la conmemoración de la muerte de Cervantes, ese mismo día del año 1616 (en Inglaterra, por ejemplo, está celebración coincide con la muerte de Shakespeare). La celebración se afianzó rápidamente en Barcelona para extenderse después a toda Cataluña. Mientras la fiesta del libro en otros lugares se mantenía a duras penas o desaparecía, en Cataluña se convertía, y así se mantiene, en una de las celebraciones más populares. El motivo que se baraja para explicar el éxito de esta celebración en Cataluña es la coincidencia con la festividad del Patrón de Cataluña y la antigua tradición de regalar rosas como símbolo de amor. La celebración del día del Libro, además, contribuía a potenciar la difusión y venta de libros en catalán.
De manera que, en Cataluña el 23 de abril es el día de Sant Jordi, de la rosa y del libro: el día del Patrón de Cataluña, del amor y de la literatura. Es, en definitiva, un día de civismo, de cultura y de respeto entre todos los que vivimos en Cataluña y, por extensión, entre todas las personas y todas las culturas del mundo.
Sant Jordi en Cataluña
La constancia documental de la devoción a Sant Jordi en tierras catalanas se remonta al siglo VIII: en documentos de la época ya se identifica a un sacerdote de Tarragona con el nombre propio de Jordi. En el siglo X, por ejemplo, un obispo de Vic tiene, también, como nombre propio Jordi y en el siglo XI, el Abad Oliba consagró un altar dedicado al santo en el monasterio de Ripoll. Se encuentran muestras del culto a Sant Jordi, en esta época, en la consagración de capillas, altares e iglesias de diversos puntos de la geografía catalana.
Los reyes catalanes mostraron su devoción a Sant Jordi: Jaume I explica en su Crónica que vieron al santo ayudando a los catalanes en la conquista de la ciudad de Mallorca; Pere el Ceremoniós instituyó una orden de caballería; Alfons el Magnànim le dedicó capillas en sus reinos de Cerdeña y Nápoles.
Los reyes y la Generalitat impulsaron la celebración de la fiesta de Sant Jordi. En Valencia, en 1343 ya era una fiesta popular; en 1407, Mallorca la celebraba públicamente. La Generalitat de Cataluña propuso a las Cortes reunidas en Monzón en 1436 la celebración oficial y obligatoria de Sant Jordi; en 1456, las Cortes reunidas en la Catedral de Barcelona dictaron una constitución que ordenaba la fiesta, incluída en el código de las Constituciones de Cataluña.
Las remodelaciones del Palau de la Generalitat hechas durante el siglo XV son la muestra más clara de la devoción impulsada por las instituciones, por ejemplo, se colocó el medallón del santo presidiendo la fachada gótica del Palau y se construyó en su interior la capilla de Sant Jordi.