El plomo es un contaminante ambiental
natural, cuya presencia aumentó debido a su
utilización en tuberías de agua, pinturas y gasolina
en el pasado. Los alimentos son la principal fuente de
exposición humana al plomo. El plomo se acumula en el cuerpo
y los efectos adversos más importantes afectan al sistema
nervioso central en desarrollo de los niños. No se ha
establecido ninguna ingesta tolerable recomendada para el plomo, ya
que no hay umbral para muchos de los efectos adversos
críticos. Gradualmente, se han introducido medidas
legislativas para reducir su exposición, mediante la
eliminación del plomo de pinturas, latas, tuberías de
agua y de la gasolina. El estudio actual examina 144.206 resultados
analíticos de plomo en alimentos recolectados durante un
periodo de nueve años. Más de la mitad de los
alimentos analizados tenían una concentración de
plomo por debajo del límite de detección o
cuantificación. La media de la concentración de plomo
varía entre los 0,3 µg/kg de los preparados infantiles
a los 4.300 µg/kg de los productos dietéticos, con una
media general de todas las categorías de 21,4 µg/kg.
La concentración de plomo en los alimentos ha disminuido
aproximadamente un 23% entre 2003 y 2010, aunque esto debe
interpretarse con prudencia.
Para la población europea, se calcula que la
exposición media por vía alimentaria a lo largo de la
vida es de 0,68 µg/kg de peso corporal al día. La
exposición es mayor en bebés y niños, con 1,32
y 1,03 µg/kg de peso corporal al día, respectivamente.
La exposición calculada para los adultos es de 0,50
µg/kg de peso corporal al día. Los grupos de
población de las personas mayores y las personas muy mayores
presentan unas características similares a las del grupo de
los adultos, mientras que para los adolescentes se ha calculado una
exposición alimentaria ligeramente superior. Entre las
categorías de alimentos más relevantes por su
aportación se encuentra el pan y los productos de
panadería (8,5%), el té (6,2%), el agua del grifo
(6,1%), las patatas y los productos derivados (4,9%), los productos
lácteos fermentados (4,2%) y la cerveza y bebidas similares
(4,1%), aunque este valor puede variar según el grupo de
edad y la encuesta.
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