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Tuberculosis es un nombre que
tiene reminiscencias del pasado, de un pasado mezclado con miseria,
penalidades, guerras y hambre. Es una palabra tabú, que nadie quiere nombrar
porque hoy en día todavía se recuerdan sus consecuencias en todos los
hogares de nuestro país. Por eso, cuando oye pronunciar esta palabra,
tuberculosis, la gente se pregunta: “¿pero esto no se había erradicado?”.
Pues no, no se ha erradicado. Al contrario. En Barcelona, en 2008 la
incidencia de la enfermedad subió un 15% respecto al año anterior. Este dato
está en consonancia con el incremento desmesurado observado en otras
ciudades europeas, como París y Londres, que llegan a cuatriplicar la
incidencia barcelonesa (que es de 29 casos por 100.000 habitantes).
De todas maneras, nuestros familiares no van demasiado desencaminados cuando
les suena que la tuberculosis ya estaba erradicada, al menos en nuestro
entorno. Y es que en los años 70 se encontró una combinación de antibióticos
que permitía curar a los tuberculosos con un alto grado de eficacia, de
hasta el 99%. Fue entonces cuando la Organización Mundial de la Salud
aventuró que el año 2000 la tuberculosis desaparecería del planeta. Eran
años de euforia en los que se veía culminado el esfuerzo que supuso la
creación, a final del siglo diecinueve, de los dispensarios y sanatorios
antituberculosos que permitían el aislamiento e incluso, en algún caso, la
curación de enfermos, y de la adopción de medidas urbanísticas, higiénicas y
de habitabilidad en las ciudades que ahora nos parecen tan normales.
Cepas multirresistentes
Pero el tratamiento antibiótico duraba seis meses. Y se debían tomar al
menos tres fármacos. Seis meses son muchos meses, y más teniendo en cuenta
el hecho de tomar tres medicamentos, cosa que suponía hasta treinta
pastillas diarias. La carencia de supervisión hizo que mucha gente decidiera
no tomarse todas las pastillas o que la situación socioeconómica de muchos
países hiciera que no todos los fármacos llegaran al mismo tiempo al
paciente. De esta manera aparecieron cepas multirresistentes. Actualmente se
diagnostican cada año 500.000 casos nuevos de tuberculosis multirresistente.
Esto quiere decir que en muchos países, la palabra tuberculosis vuelve a
tener las connotaciones fatídicas que recuerdan nuestros abuelos. Al fin y
al cabo en el contexto que desde hace cuarenta años no han surgido nuevos
antibióticos contra la tuberculosis.
Sida
La otra compañera de la tuberculosis es el sida. Actualmente ya hay 40
millones de personas infectadas por el VIH. La combinación tuberculosis y
sida es terrible en zonas como la Subsahariana, donde hasta el 50% de las
personas son seropositivas. En estos casos, la infección por el bacilo de la
tuberculosis progresa rápidamente hacia la enfermedad, hasta cien veces más
que en una persona no infectada por el virus. Esto hace que la mayoría de
muertes por tuberculosis sean personas afectadas por el VIH.
También hace falta buscar la persistencia de esta enfermedad en el mismo
bacilo que la provoca, el Mycobacterium tuberculosis. Este bacilo ya
convivía con los Australopithecus, es decir, nuestros parientes más lejanos,
que vivieron hace tres millones de años. Hace falta pensar pues que el
bacilo de la tuberculosis ha crecido con nosotros, los humanos, sabe todos
nuestros defectos y como explotarlos.
Un bacilo bien adaptado
El bacilo de la tuberculosis se transmite muy fácilmente por vía aérea y
puede infectar a cualquier persona. Sólo hace falta que un enfermo con una
tuberculosis activa que afecte el pulmón, con una lesión cavitada (lo más
habitual), esté alrededor nuestro. Cada vez que tosa, o incluso que hable,
la persona generará aerosoles que contienen los bacilos. L’adquisición de la
enfermedad, la tuberculosis activa, no es tan automática. Habitualmente, el
sistema inmunitario es capaz de frenar el golpe y consigue controlar su
crecimiento. Entonces el bacilo sigue otra estrategia, que es la de no
multiplicarse y permanecer en fase estacionaria. Se transforma en lo que se
conoce como bacilo latente. Este bacilo no es reconocido por el sistema
inmunitario y esto permite que consiga reactivarse de de forma esporádica
cuando la respuesta inmunitaria baja. Esta dinámica se mantiene durante años
y en un 10% de los casos esta reactivación puede acabar convirtiéndose en
una tuberculosis activa.
Infección latente
Lamentablemente, el tratamiento de la infección latente requiere la
administración de un fármaco durante nueve meses. Esto hace que sea un
tratamiento de difícil implantación y seguimiento por parte de la persona
afectada, y más si tenemos en cuenta que la infección latente no genera
ningún tipo de sintomatología.
Vacuna Ruti
En el hospital Germans Trias, la Unidad de Tuberculosis Experimental trabaja
en el estudio de la enfermedad y en el desarrollo de nuevos métodos
diagnósticos y de tratamiento contra la tuberculosis. Actualmente, dentro de
esta Unidad, y apoyados por la empresa de Mataró Archivel Farma, se está
desarrollando una vacuna terapéutica denominada Ruti en honor a la montaña
donde está construido el hospital, para poder acortar el tiempo de
tratamiento actual de la infección latente de nueve meses a sólo uno.
Actualmente, este desarrollo está en la fase I de ensayos clínicos, es
decir, en el momento de certificar su carencia de toxicidad y la capacidad
de generar inmunidad en voluntarios sanos. Si se demuestra su eficacia, el
tratamiento con la Ruti representará una auténtica revolución que permitirá
soñar otra vez con la erradicación de la tuberculosis.
Pere-Joan Cardona
Unidad de Tuberculosis Experimental
Institut d'Investigació en Ciències de la Salut Germans Trias i Pujol
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