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La piel perdona los efectos de la exposición solar pero nunca los olvida
 
Durante las últimas décadas, el incremento de cáncer de piel ha motivado en todo el mundo la puesta en marcha de campañas que insisten en los efectos nocivos del sol y en la necesidad de adoptar medidas por protegernos. La energía luminosa procedente del sol es primordial para la vida del hombre y de su entorno. Aún así, los efectos perjudiciales pueden superar a los beneficiosos si exponemos nuestra piel al sol de una manera indiscriminada. Y es que la piel puede llegar a perdonar los efectos agudos de la exposición al sol, pero nunca los olvida.

Radiaciones nocivas

El sol emite radiaciones electromagnéticas, el espectro de las cuales se extiende desde las radiaciones ionizantes hasta las ondas de radio. Las radiaciones más peligrosas para los seres vivos no llegan a la Tierra gracias al ozono de la estratosfera. De la radiación que nos llega, la mitad corresponde a la radiación infrarroja que nos proporciona calor, el 40% es luz visible y el 10% restante es radiación ultravioleta. Esta última se divide en ultravioleta C (UVC), ultravioleta B (UVB) y ultravioleta A (UVA). Los UVC y la mayor parte de los UVB no llegan a la superficie terrestre.

Los efectos nocivos más conocidos son los que ocasionan en la piel los UVB y los UVA. Se dividen en efectos adversos agudos como el eritema y la quemadura solar, y en efectos crónicos como el fotoenvejecimiento y la fotocarcinogénesis. Los UVB son los responsables de la aparición del eritema y la quemadura solar, mientras que el fotoenvejecimiento se debe a efectos de los UVA. La fotocarcinogénesis, que es la inducción de lesiones precancerosas y tumores por el efecto de la exposición solar, aparece por la acción de los UVB y probablemente también de los UVA.

No todo el mundo tiene la misma piel

Para evitar los efectos negativos del sol, la piel dispone de varios mecanismos naturales. El más importante es el realizado por la melanina, una substancia capaz de absorber la radiación solar. Su producción se estimula con la exposición solar y determina el bronceado. Pero la respuesta de la piel ante la exposición solar no es uniforme en todos los individuos. En este sentido, hay seis tipos de piel: la correspondiente al fototipo I, de personas que siempre se queman y nunca se broncean; al fototipo II, de individuos que siempre se queman y se broncean ligeramente; al fototipo III, de personas que pocas veces se queman y se broncean gradualmente; al fototipo IV, de los individuos que nunca se queman y siempre se pigmentan, y a los fototipos V y VI, de las etnias pigmentadas y negra, respectivamente.

Protección artificial

Aún así, ni el bronceado ni el resto de los mecanismos fisiológicos protegen lo suficiente de la radiación solar, por lo cual es necesario utilizar una fotoprotección artificial. La manera más eficaz de protegernos es alejándonos del sol durante las horas de más intensidad de radiación (entre las doce de la mañana y las cuatro de la tarde). Pero también se puede conseguir una protección adecuada utilizando ropa, sombreros, gafas y haciendo uso de los filtros solares. Estos productos pueden ser de dos tipos: filtros químicos y filtros físicos.

Los filtros químicos están constituidos por moléculas capaces de absorber los UVA y los UVB, mientras que los filtros físicos tienen micropartículas que actúan como pequeños espejos que reflejan la radiación. Algunos productos están formados sólo por filtros físicos, otros por filtros químicos, pero la mayoría son una combinación de los dos (son filtros mixtos). Todos ellos llevan en el envase una numeración que indica el factor de protección solar, que es el número a veces que podemos multiplicar el tiempo de exposición solar antes de que se produzca eritema. Esto quiere decir que si una persona presenta eritema tras diez minutos de exposición, con un filtro 6 podría estar hasta 60 minutos sin quemarse.

La mayor parte de los filtros solares ofrecen una buena protección a los UVB pero no a la acción de los UVA. Por este motivo, el uso habitual de filtros solares puede proporcionar una falsa idea de fotoprotección. Esto se puede evitar utilizando filtros de amplio espectro que ofrecen protección ante los UVB y los UVA. En los envases de los filtros solares de amplio espectro aparecen dos números: el primero es el índice de protección a los UVB y el segundo a los UVA. Los filtros normales sólo están identificados con el factor de protección de los UVB.

Uso de los protectores solares

Sin embargo, existen varios sistemas de medida para establecer el factor de protección de un filtro y esto puede dar lugar a errores cuando se comparan varios índices. Además, para garantizar la eficacia de un filtro es necesario aplicárselo correctamente: se debe extender por toda la piel expuesta al sol treinta minutos antes de tomar el sol y renovar su aplicación cada tres o cuatro horas. También se deben tener en cuenta las condiciones ambientales. Si estamos en la playa, en la nieve o si la altitud es elevada, la radiación solar es mayor y hace falta usar un fotoprotector con un índice elevado. Además, hace falta comprobar que el filtro es de confianza y que se encuentra en buenas condiciones. Algunos filtros químicos son inestables cuando se exponen a la luz y al calor y se deben guardar a la sombra.

Sea como sea, la utilización de los filtros solares no debe sustituir otras precauciones como evitar la exposición solar y cubrir la piel con ropa. Los filtros solares siempre deben ser de protección elevada (FPS 15 o superior) y su uso se obligatorio en los niños. También es obligatorio el uso de filtros solares con protección elevada en las personas con un fototipo I, II y III y en todas las personas que habitualmente están sometidas a una intensa exposición solar.

Aún así, se debe tener en cuenta que el uso de filtros solares no elimina los riesgos que comporta tomar el sol, sólo los disminuye. El uso de un filtro solar en ningún caso debe ser un argumento para incrementar la duración de la exposición solar, especialmente si se utilizan productos que no cubren el espectro de los UVA. También se debe tener claro que no existe ninguna manera de broncearse sin riesgo, incluido el bronceado con fuentes artificiales de UVA.

Isabel Bielsa
Dermatòloga
 

 

 
 
 

El uso de filtros solares no elimina los riesgos que comporta tomar el sol, sólo los disminuye

         
         

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