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Priones: proteínas locas
 

Todos hemos oído a hablar de los virus y las bacterias como los agentes capaces de provocar infecciones. Pero ninguno de estos dos tipos de microbios está detrás de la enfermedad de las vacas locas. Y es que se trata de un agente infeccioso muy peculiar, aún más simple y minúsculo que los virus y las bacterias. De hecho, este agente no es más que una pequeña proteína denominada prión. fue el doctor Prusiner quien propuso el prión como la solución al enigma de la enfermedad de las vacas locas. Como pasa a menudo, la mayoría de los científicos ridiculizaron esta idea durante muchos años, hasta que la concesión del premio Nobel al Dr Prusiner en 1997 acabó con la controversia.

Pero, ¿de dónde vienen los priones? Para entender esto se debe tener en cuenta que, en condiciones normales, tanto las personas como el resto de los animales traemos en la superficie de nuestras células las denominadas “proteínas priónicas”, que no sabemos para qué sirven, pero existen. Estas proteínas priónicas, que son más abundantes en las células nerviosas (neuronas), se encuentran plegadas como una madeja y, mientras mantengan su plegamiento normal, no pasa nada.

Alterar el plegamiento

El problema se produce cuando la madeja cambia su plegamiento habitual por otro anormal. Al alterar su plegamiento, la proteína priónica se convierte en prión y, dónde antes había una proteína normal con la que convivíamos sin ningún problema, ahora hay un prión agresivo, capaz de destruir nuestro cerebro y provocar agujeros que, mirados al microscopio, recuerdan los de una esponja (cambios espongiformes). Poco a poco, a medida que se acumulan los priones y mueren más neuronas, la persona se vuelve demente (enfermedad de Creutzfeldt-Jakob) o la vaca se vuelve loca (encefalopatía espongiforme bovina, conocida popularmente con el nombre de enfermedad de las vacas locas).

Enfermedad de Creuztfeldt-Jakob

La pregunta, pues, es ¿por qué estas proteínas priónicas pueden cambiar su plegamiento y convertirse en priones? El cambio de plegamiento puede producirse de forma espontánea, en una persona previamente sana, sin ninguna razón identificable. Afortunadamente, esto pasa muy raramente, sólo en un caso por millón de habitantes cada año y, por lo tanto, en Catalunya tenemos alrededor de 6 o 7 casos de enfermedad de Creuztfeldt-Jakob esporádica cada año.

Otra forma de desarrollar la enfermedad de Creuztfeldt-Jakob es mediante el consumo de tejidos de vaca loca, que ha podido adquirir su enfermedad bien de forma esporádica (como hemos descrito antes para las personas) o bien mediante el consumo de piensos hechos con restos de animales ya enfermos (otras vacas, ovejas, etc.). Cuando una persona presenta la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob como consecuencia del consumo de tejidos de vaca loca se dice que sufre la variante humana de la enfermedad de las vacas locas (también conocida como variante de la demencia de Creutzfeldt-Jakob).

El ajetreo suscitado durante últimos años en torno a este tema y que de vez en cuando llena las páginas de los diarios es a propósito de la variante humana de la enfermedad de las vacas locas, por la posibilidad de que los productos consumidos procedan de carne contaminada con priones. La identificación esporádica de casos de la variante humana de la enfermedad de las vacas locas reaviva de vez en cuando la preocupación por este tema.

Pocos casos

Sin embargo, se debe remarcar que se han detectado pocos casos. Desde que se descubrió esta variante de la enfermedad el año 1996, han sido 200 las personas afectadas (la mayoría al Reino Unido). Desde entonces, la cuidadosa regulación del rebaño bovino ha controlado en gran medida el problema. Aún así, desde el consumo de productos contaminados hasta la manifestación de la enfermedad pueden transcurrir hasta diez años, por lo cual es previsible la aparición de algunos casos más en personas que se contaminaran antes de la instauración de los estrictos controles ahora vigentes.

Alimento seguro

En todo caso, lo que hace falta tener en cuenta a nivel individual es que la carne tiene en realidad poco poder contaminante, puesto que el músculo contiene sólo una pequeña cantidad de proteína priònica y, por lo tanto, pueden formarse pocos priones. En cambio, el consumo más peligroso es el del tejido nervioso (cerebro, médula espinal) y las vísceras (bazo, intestino, ojos, amígdalas), que son mucho más ricos en proteína priònica capaz de generar priones. El riesgo de la carne es todavía menor si no está mezclada con hueso, es decir, si no se encuentra cerca de la columna vertebral, dentro de la cual se aloja la médula espinal. Afortunadamente, se puede concluir que un solomillo de ternera (cuanto más joven, mejor) continúa siendo un alimento seguro a la vez que sabroso.

Aurelio Ariza
Jefe del Servicio de Anatomía Patológica

Hospital Germans Tria

 

 

 
 

Al alterar su plegamiento, la proteína priónica se convierte en prión y, dónde antes había una proteína normal con la que convivíamos sin ningún problema, ahora hay un prión agresivo, capaz de destruir nuestro cerebro y provocar agujeros

         
         

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